Detrás del «milagro» económico: el sangriento costo de las vidas LGBT+ que Milei omite sobre Pinochet
Tras la polémica reivindicación que el presidente argentino Javier Milei hizo de la dictadura chilena, las memorias de la resistencia travesti-trans y homosexual encienden las alarmas en el activismo local ante el avance del discurso negacionista.
El presidente Javier Milei sumó un nuevo hito a su saga de provocaciones internacionales durante su visita a Chile para participar en el Foro Madrid. En su discurso, el mandatario argentino elogió abiertamente el derrocamiento de Salvador Allende en 1973 y ensalzó la estabilidad financiera del régimen que encabezó el dictador Augusto Pinochet. Sin embargo, detrás del fetiche de la libertad de mercado que adula el oficialismo, se esconde la realidad de un aparato estatal represivo que utilizó el terror y la violencia sistemática para disciplinar, perseguir y violentar los cuerpos y las identidades de la diversidad sexual.

Durante los 17 años que duró la dictadura militar en el país trasandino, no existió ningún marco de protección para las identidades disidentes. Por el contrario, el régimen pinochetista, fuertemente arraigado en un nacionalismo católico y castrense, catalogaba la homosexualidad y la transexualidad como anomalías subversivas y focos de inmoralidad. El ordenamiento jurídico civil funcionó como una red de cacería: el Artículo 365 del Código Penal castigaba las relaciones sexuales entre hombres como el delito de sodomía, mientras que las ambiguas figuras de «ofensas al pudor, la moral y las buenas costumbres» servían de excusa perfecta para detenciones arbitrarias cotidianas.
La persecución no se limitó a las leyes, sino que se corporizó en las calles a través de brutales redadas y torturas amparadas por la impunidad del terrorismo de Estado. Las mujeres trans y las travestis, expuestas por su sola presencia en el espacio público, se convirtieron en los blancos principales de las comisarías y centros clandestinos, donde sufrían vejaciones, abusos sexuales y palizas recurrentes por parte de Carabineros y agentes de inteligencia. Organizaciones chilenas de derechos humanos, como el Movilh, han documentado con el tiempo decenas de crímenes homofóbicos ejecutados de forma directa por el aparato estatal.
A este escenario de violencia física se le sumó, a mediados de la década de 1980, el estigma y el abandono estatal ante la irrupción de la crisis del VIH/Sida. La dictadura de Pinochet prefirió ignorar la epidemia sanitaria bajo prejuicios morales y religiosos, dejando a toda la comunidad sin campañas de prevención y desprotegida ante la muerte. Fue precisamente en ese manto de hostilidad absoluta donde germinó la resistencia: agrupaciones lésbicas-feministas como Ayuquelén en 1984 (nacida tras el lesbicidio impune de la escultora Mónica Briones) y colectivos de salud como la Corporación Chilena de Prevención del Sida en 1987 —hoy AcciónGay— sentaron las bases del activismo moderno desde la clandestinidad más riesgosa.
Para el periodismo de géneros y el activismo de nuestro país, las declaraciones del mandatario argentino no resultan un hecho aislado ni puramente macroeconómico. Ocurren en un contexto local signado por el desmantelamiento de políticas públicas de equidad, el cierre definitivo de ministerios y el crecimiento alarmante de los discursos de odio que legitimaron tragedias recientes, como el triple lesbicidio de Barracas. Al rescatar y validar los procesos dictatoriales del Cono Sur en nombre del «libre mercado», se blanquea también el sadismo y la moral conservadora con la que esos gobiernos de facto intentaron exterminar las identidades que rompían la norma.
La reivindicación de Pinochet en suelo chileno expone una matriz ideológica regional que las disidencias argentinas miran con honda preocupación. Recordar el calvario y las luchas de las maricas, lesbianas y travestis chilenas bajo las botas del pinochetismo no es un mero ejercicio de memoria histórica; es una urgencia del presente. Frente a los intentos oficiales por anestesiar el horror bajo gráficos financieros y promesas de estabilidad, el movimiento LGBTIQ+ vuelve a plantar bandera: los derechos humanos y la dignidad de nuestras vidas jamás serán negociables, ni cotizarán en ninguna bolsa de valores.
Fuentes: discurso de Javier Milei en el Foro Madrid, Santiago de Chile (3 de septiembre de 2026); Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh); Memoria Chilena; AcciónGay (Corporación Chilena de Prevención del Sida).
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