Contar desde los márgenes: una historia del periodismo LGBTIQ+ en el Día del Periodista

Contar desde los márgenes: una historia del periodismo LGBTIQ+ en el Día del Periodista

Día del Periodista · 7 de junio · Historia del periodismo LGBTIQ+

Cada 7 de junio, Argentina recuerda la salida del primer número de la Gaceta de Buenos Aires en 1810. Pero hay otra historia del periodismo argentino, hecha de mimeógrafos, fanzines y páginas web clandestinas, que también merece ser contada: la de quienes informaron desde los cuerpos perseguidos.

El 7 de junio de 1810 salió a la calle el primer número de la Gaceta de Buenos Aires, el periódico que Mariano Moreno dirigió como portavoz de la Revolución de Mayo. Ese hito fundacional es el origen del Día del Periodista en Argentina, establecido en 1938 por el Primer Congreso Nacional de Periodistas reunido en Córdoba. Lo que pocas veces se recuerda en esa fecha es que el periodismo argentino también tiene otra genealogía, paralela y subterránea: la de quienes hicieron prensa desde la disidencia sexual, cuando publicar implicaba arriesgar la libertad o la vida.

Contar desde los márgenes: una historia del periodismo LGBTIQ+ en el Día del Periodista

El punto de arranque de esa historia es diciembre de 1973, cuando el Frente de Liberación Homosexual lanzó la revista Somos. Se imprimía en mimeógrafo, tiraba hasta 500 ejemplares y circulaba de mano en mano en bares y fiestas privadas. Sus redactores, entre ellos el poeta y sociólogo Néstor Perlongher, no hacían una revista de estilo de vida: hacían teoría política marxista y anticolonial en medio de una Argentina que ya se encaminaba hacia el terror. La revista cerró en enero de 1976, semanas antes del golpe.

Somos, diciembre de 1973, cedinci.org

En Brasil, mientras tanto, surgía en 1978 O Lampião da Esquina, el primer tabloide homosexual de alcance masivo del continente. Con tiradas de entre 15.000 y 25.000 ejemplares mensuales, sus fundadores —entre ellos el escritor Caio Fernando Abreu y el guionista Aguinaldo Silva— publicaban bajo la dictadura militar y el acoso del aparato represivo. Ya en esa época anticipaban lo que hoy llamamos interseccionalidad: cubrían racismo, feminismo, derechos indígenas y condiciones carcelarias junto a la agenda homosexual.

O Lampião da Esquina

En Argentina, la vuelta de la democracia no significó visibilidad inmediata. Fueron las mujeres lesbianas quienes sostuvieron uno de los experimentos editoriales más radicales de los años siguientes: los Cuadernos de Existencia Lesbiana, editados entre 1987 y 1996 por Adriana Carrasco e Ilse Fuskova. Fotocopiados y abrochados a mano, sus 17 números circularon testimonios, cartas, canciones y ensayos teóricos que nunca habrían aparecido en ningún otro medio. El 8 de marzo de 1988, un grupo de redactoras los vendió en Plaza de los Dos Congresos con vinchas lilas que decían «Apasionadamente Lesbiana»: fue la primera acción de visibilidad lésbica colectiva a plena luz del día en la historia del país.

La epidemia de VIH/sida reconfiguró todo en los años noventa. Las publicaciones comunitarias tuvieron que convertirse en agencias de salud pública improvisadas, transmitiendo información vital que el Estado tardaba o se negaba a dar. En ese cruce, la periodista Marta Dillon abrió en el suplemento No de Página/12 la columna «Convivir con virus», un antecedente directo del periodismo autobiográfico y situado que después funda el suplemento Soy, trinchera dentro del diario más leído de la izquierda argentina.

El siglo XXI y la llegada de internet eliminaron los costos de imprenta pero no la urgencia política. En 2002, en plena crisis, nació el portal SentidoG, que documentó el pulso político de la comunidad cuando la prensa comercial todavía despachaba las noticias LGBTIQ+ como anécdotas folclóricas. En Colombia, en 2011, las periodistas María Mercedes Acosta y Li Cuellar fundaron Sentiido con el objetivo explícito de superar el «periodismo rosa»: análisis con enfoque de género, auditoría de medios hegemónicos, documentación del discurso de odio en radios juveniles de alcance masivo.

La forma más sofisticada de ese legado vive hoy en la Agencia Presentes, fundada en 2016 por periodistas que venían de Infojus Noticias y que, tras ser desmantelada esa redacción por el gobierno de Macri, construyeron una agencia autogestionada con sede en Buenos Aires y Ciudad de México y corresponsales en ocho países latinoamericanos. Su metodología combina grandes reportajes narrativos con periodismo de datos propio: ante el silencio estadístico del Estado sobre los crímenes de odio, construyen sus propios observatorios y mapeos.

En cada 7 de junio conviven dos historias del periodismo argentino. Una comienza con Mariano Moreno y una imprenta rudimentaria en la Casa de los Niños Expósitos. La otra, con un mimeógrafo que producía 500 copias en la clandestinidad. Las dos tienen en común algo esencial: la convicción de que hacer circular la información es un acto político, y que callar —o que te callen— tiene consecuencias.

Hoy, mientras el pánico moral de la derecha global intenta borrar derechos conquistados uno a uno, los medios LGBTIQ+ son también garantes de la memoria democrática, y argay.ar es parte de ese ecosistema. Periodismo que nació en los márgenes para no desaparecer del todo, y que lleva más de medio siglo demostrando que los márgenes, a veces, son el centro.


Fuentes:A lo largo y a lo ancho. Estudios sobre sociabilidad gay en Argentina (dir. Ernesto Meccia). Ediciones UNL – Eudeba, 2026. — «Historia y Evolución del Periodismo de Diversidad Sexual: Genealogía, Retos y el Rol Político del Informante Comunitario» (documento de consulta interno). — Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, «La histórica Gaceta de Buenos Aires y el Día del Periodista»: buenosaires.gob.ar

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